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Abstracción, transfiguración y paisaje.

La reinvención del paisaje es un milagro de creación sólo concedido al pintor. La temática del paisaje ha sido motivo de la obra pictórica de artistas de épocas varias. Cada tendencia ha traducido en su enfoque específico la visión de este tema que responde a sus aspiraciones intelectuales. De modo que el paisaje se nos presenta como actor ducho en el arte de desempeñar protagónicos diversos; mas en la obra plástica de Esteban Leyva, al paisaje se le ha otorgado un papel ciertamente peculiar.


Esteban Alejandro Leyva Espinosa nació en la capital habanera en 1957. Graduado de la Academia de Bellas Artes “San Alejandro” en 1976, terminó sus estudios en el Instituto Superior de Arte de La Habana en 1981. Acumula una amplia participación en exposiciones, tanto colectivas como personales, en Cuba y en el extranjero; además de contar con obras murales emplazadas en La Habana y Sancti Spíritus, y ostentar premios obtenidos en salones capitalinos. Piezas suyas integran colecciones de más de una veintena de países.

Leyva se vale del paisaje como vehículo temático donde la escena aparece dividida en grandes áreas compositivas contrapuestas, representativas de macizos boscosos, suaves praderas, amplias extensiones celestes o tersas espejos de agua; dando lugar a bloques identificados por el pintor como vastas manchas colorísticas encargadas del equilibrio de la obra, induciéndola a una especie muy singular de geometrismo pictórico sustentado en la fusión de un realismo descriptivo ---dados los elementos paisajísticos representados--- con el interés de una composición de ascendencia abstracta en el ensamblaje de las estrictamente definidas zonas espaciales que ocupa la totalidad del lienzo.

Pero, al mismo tiempo, el paisaje no resulta simple pretexto estructural, sino que emerge de esta fusión estético conceptual como recurso para conducirnos al misterio de una visión de la realidad grávida de connotaciones simbólicas ocultas al ojo robado sólo por el disfrute de la belleza plástica de la imagen, donde la densidad del follaje, la transparencia de las aguas y el límpido cristal celeste crean espacios de sustancias inmutables que hablan de la eternidad y convocan al recogimiento y la meditación. Espacios trasmutados desde la ensoñación, donde deambulan los idílicos fantasmas de la fantasía.

Plasmados en los lienzos con una curiosa diversidad compositiva, los paisajes de Leyva son en su apariencia dominios de la serenidad y la quietud, donde las palmeras lucen su gallardo talle, mientras la llanura y el camino se pierden en lontananza. Concebidos con un sólido dibujo, donde la riqueza del color se hace cómplice de la luz para sugerir la descomposición de las formas en el logro de los claroscuros, sus limpias tonalidades y excelente factura se conjugan en una profunda visión conceptual de marcada intención positivista y profundo sentido humano.

Buscando las formas primigenias de la naturaleza virgen, el artista nos ofrece el paisaje visto a través del prisma compositivo de la abstracción como manifestación plástica, al tiempo que se regodea degustando el ambiente físico surgiente de sus pinceles. Puente extático entre la realidad de la naturaleza y la fantasía de la abstracción, son imágenes de intimismo expresivo que reflejan la personalidad creativa del artista en formas resultantes plenas de misticismo y del misterioso encauzamiento de las pasiones vitales.

Haciendo uso de su dominio del oficio y de un notable manejo de la materia pictórica, se enfrenta al envolvente escenario natural y de él va seleccionando sugerentes fragmentos cuya capacidad expresiva responda a los intereses últimos de su estrategia artística, y sin perderse en las limitaciones de una transcripción vacía, va más allá de la reproducción de la simple apariencia externa para dotar a la obra de un simbólico lenguaje de signos incitantes, develadores de la esencia poética del paisaje, al tiempo que de su capacidad plástica, para poder maniobrar en pos de la consecución de los objetivos finales que persigue, en coherente coexistencia de tendencias tradicionalmente encontradas. Aparecen entonces ordenamientos constructivos cuya intención de índole espiritual busca mediante el rigor estructural compositivo, la universalidad de la imagen; donde lejanamente podría vislumbrarse cierta vinculación con un Mondrian; o tal vez mejor, con determinado momento de un Reinhardt, en su principio de espacialidad; e incluso, con alguna arista del quehacer de Tomás Sánchez.

Polémico e incluso, incomprendido para algunos, podría resultar el camino de realización estética que se ha trazado Leyva, mas al no dudarlo, en la búsqueda de lo diferente radica la esencia del desarrollo. Como apuntara el estudioso catalán Juan-Eduardo Cirlot: “Sabido es que todo desarrollo dialéctico comporta tres términos, el último de los cuales configura la conjunción de los dos anteriores, sin invalidarlos”.